¿Y si lo que nos mantiene vivos es el asombro?

¿Y si lo que nos mantiene vivos es el asombro?

El asombro en la vida cotidiana

Maryland, invierno de 1958.

Rachel Carson revisaba su correspondencia cuando encontró una carta de su amiga Olga Huckins de Massachusetts; mientras la leía, palabras saltaban gritando por su atención: “lluvia inofensiva”, “mató siete de nuestros pájaros cantores”, “con las garras apretadas contra el pecho y los picos abiertos en un grito de agonía”.

Rachel volvió a 1945 y recordó la pila de documentos de investigación sobre los pesticidas y sus intentos fallidos de alertar a la comunidad y al estado. Mientras leía, aquella necesidad se estaba convirtiendo en urgencia.

Si no hacía nada, podía ser tan responsable como quienes fabricaban los pesticidas. Su capacidad de cuestionar aquello que parecía “normal” la convirtió en la pionera de una de las mayores revoluciones de consciencia ambiental que hoy impactan positivamente nuestro planeta.

¿Somos indiferentes o simplemente estamos viviendo en automático?

En muchas ocasiones, la expectativa del asombro es mucho más grande. Creemos que va a llegar a nosotros como un espectáculo de fuegos artificiales, tan deslumbrante que será difícil ignorarlo. Lo cierto es que no es así, y sí, es muy posible que el asombro haya tocado nuestra puerta y ni siquiera lo notamos o, peor aún, que hayamos decidido ignorarlo.

Ser indiferentes es elegir la apatía, vivir en automático es sobrevivir, funcionar sin consciencia.

La indiferencia implica cierto grado de conciencia, donde elegimos que no nos interesa prestar atención y mucho menos involucrarnos.

 Pero cuando vivimos en automático, somos presas de la expectativa ajena, funcionamos sin ser conscientes de lo que hacemos ni para qué lo hacemos, una rutina que no hemos elegido. ¿Qué implicaciones tiene lo que estamos haciendo y lo que elegimos no hacer?

Cuando una emoción como el asombro llega, el cuerpo reacciona: la sorpresa, el impacto, nos maravillan, nos horrorizan, pero nunca son neutrales. ¿Qué hacemos con él cuando se nos presenta?

El asombro es el principio…

A lo largo de la historia, grandes pensadores, científicos, investigadores y revolucionarios vieron algo que otros no notaron y en ese momento en el que eligieron explorarlo, fue el principio de muchas cosas, incluso de revoluciones que nos han permitido cuestionarnos si lo que estamos haciendo es bueno o hay que replantearlo.

¿Entonces el asombro no siempre viene envuelto en chispitas de colores?

No, a veces viene bañado en sangre, en muerte, incluso en indiferencia, ¿hasta qué punto la indiferencia nos hace igualmente responsables por aquello que nos aqueja?

¿Qué hubiera pasado si Rachel no hubiera hecho nada en esta nueva oportunidad? La postura de la industria era clara: su interés no estaba en las repercusiones que traía consigo “su solución”, para Rachel también, y esta carta era un recordatorio para retomar aquella necesidad y darle su debida importancia.

El asombro no solo nos hace sentir vivos y que pertenecemos a algo mucho más grande que nosotros; es una invitación a la exploración para el descubrimiento, incluso el autodescubrimiento.

¿Cuántas veces el asombro ha tocado tu puerta?

Vanel

Comunicadora, arte terapeuta con herramientas de logoterapia y tanatología.